sábado, 19 de mayo de 2018

Voto por Iván Duque


Voto por Iván Duque

Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista

Las libertades económicas son el fundamento de todas las libertades, como lo recordara hace poco el doctor Rodrigo Botero Montoya en un artículo que me permitió difundir en este  blog y cuya lectura recomiendo vivamente[1].  La libertad económica es libertad de emplear el trabajo y los recursos propios de la forma en que cada cual estime es la mejor y de intercambiar los productos del esfuerzo propio con los productos del esfuerzo los demás. Esto supone el reconocimiento mutuo de la propiedad de cada cual: lo tuyo y lo mío, es decir, el reconocimiento de la propiedad individual. Las libertades económicas son el fundamento de todas las libertades y el derecho de propiedad el fundamento de todos los derechos.

Esta consideración, más que las promesas de los candidatos, debe guiar la decisión de votar de todos los amantes de la libertad. Hay que votar por quien confiemos será su mejor garante desde la Presidencia de la República, es decir, por quien creamos que pondrá la ley al servicio de las libertades económicas y la propiedad individual y no la convertirá en instrumento para socavarlas.

Gustavo Petro no ofrece preservarlas sino que, por el contrario, ha prometido acabar con ellas. Ha expresado sin tapujos su intensión de expropiar todo lo que esté a su alcance y de concentrar los recursos productivos en manos del gobierno que se supone los empleará en beneficio de toda la sociedad.  Es la vieja fórmula colectivista que ha fracasado donde quiera que se ha aplicado dejando a los pueblos que la han padecido en la miseria y la opresión.

Sergio Fajardo,  con su carencia incomparable de criterio económico, no vaciló en aliarse con un partido y unos dirigentes que son enemigos declarados de la libertad comercial y que ofrecen como remedio a todos los males el asistencialismo gubernamental rampante que, además de ser inviable fiscalmente, acaba con la dignidad del pueblo que termina convertido en una masa mendicante y exigente que se cree merecedora de todas las cosas sin que medie esfuerzo alguno para obtenerlas.

Humberto de la Calle arrastra la vergüenza de haber alcanzado lo que la gente parece considerar el peor acuerdo de paz posible, como lo muestra la paupérrima intención de voto que registra en todas las encuestas. Lo poco que ha dicho en favor de la libertad económica y de la propiedad individual no puede ser tomado en serio, pues su vínculo indisoluble con lo que, contra toda evidencia,  todavía dice es “el mejor acuerdo”, lo convierte en rehén de los dirigentes de la Farc, los peores enemigos de la una y de la otra.

Germán Vargas no puede ser acusado de ser enemigo de la libertad económica y de la propiedad individual. Sin embargo, en su afán de cimentar su candidatura con toda suerte de alianzas, ignoró que lo que está en juego en la coyuntura actual  son los principios de legalidad y de responsabilidad del gobierno sin los cuales la libertad y la propiedad están amenazadas. La negociación, aprobación y el desarrollo legislativo de los acuerdos de La Habana arrasaron el principio de legalidad. Las recientes actuaciones de la JEP frente al asunto de Santrich, que han escandalizado incluso a sus más fervientes defensores,  continúan esa obra de demolición. El descarado desconocimiento de los resultados del plebiscito socavó profundamente el principio de responsabilidad del gobierno frente a los ciudadanos.


Iván Duque es el único de todos los candidatos que ha puesto en el centro de su proyecto político la restauración del principio de legalidad, lo cual significa que los gobernantes que administran de forma temporal los recursos y medios de acción del estado están obligados a ejercer el poder conforme a determinadas normas conocidas por todos y aprobadas por procedimientos constitucionales. También ha entendido que el principio de legalidad supone un estado fuerte – que no es lo mismo que un estado grande – que controle la totalidad del territorio y someta a los delincuentes. Finalmente, entiende que el progreso económico es el resultado de la acción empresarios y trabajadores y que el gobierno está para alentarlos y protegerlos y para ayudar solidariamente a los más débiles, con una tributación justa y unos subsidios bien focalizados. Por ello votaré por Duque.

LGVA
Mayo de 2018.   

jueves, 17 de mayo de 2018

En la emergencia de Hidroituango: contigo EPM, ahora y siempre.


En la emergencia de Hidroituango: contigo EPM, ahora y siempre.

Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista

No hay obra de ingeniería más compleja que una hidroeléctrica, grande o pequeña. Un puente es un puente, una vía es una vía, un túnel es un túnel, etc. Para armar una hidroeléctrica, que finalmente es un lego gigantesco, hay que hacer puentes, vías, túneles, edificios, presas, tuberías, etc.;  para incorporar,  en esas estructuras o por medio de ellas,  los equipos electromecánicos - los que producen la energía- que deben ser hechos a la medida de cada proyecto. Y todo ello en un entorno natural, que a pesar de los estudios previos guarda mucha incertidumbre, y un entorno social extremadamente complejo y exigente. Con tantas variables en juego, son muchas las cosas que eventualmente pueden fallar, algunas de las cuales efectivamente fallan. Ninguna hidroeléctrica se ha construido completamente de acuerdo a los diseños originales que siempre deben ser ajustados para adaptarse a situaciones que solo se evidencian en el terreno.



Con  sus 2.400 MW, que equivalen al 15% de la capacidad instalada del País,  y los 37.000 empleos directos e indirectos generados durante su construcción, Hidroituango es sin lugar a dudas la obra de ingeniería más compleja hecha en Colombia. Hasta hace unas semanas las cosas marchaban bien y se habían superado numerosos dificultades. Estábamos a solo 8 meses de poner en funcionamiento los primeros equipos. Sobrevino entonces la creciente que produjo el taponamiento de los túneles de desviación durante el proceso de llenado del embalse y llegamos a la emergencia actual.



Con la decisión de evacuar el agua del embalse por la casa de máquinas se busca conjurar  el peligro de una gran avalancha sobre las poblaciones aguas abajo del proyecto. Subsiste el riesgo de crecientes por los des-taponamientos y taponamientos de los túneles de desviación, a causa de la presurización y des-presurización de los mismos. Los planes de contingencia adoptados y el sistema de alertas seguramente evitarán que se presenten pérdidas de vidas humanas, lo que en este momento es la prioridad.

La respuesta de EPM ante la emergencia es una muestra de la calidad humana y profesional de sus directivos, funcionarios y trabajadores y ha estado a la altura de la circunstancias. Probablemente en manos de otro equipo de otra empresa estaríamos ya lamentando una catástrofe.  La fortaleza y determinación  que ahora muestran las gentes de la Empresa, es la  que le ha permitido a EPM sacar adelante todos los grandes proyectos que hoy suministran energía y bienestar a todo el País. Ya llegará el momento de evaluar lo acontecido y de extraer las lecciones. Por lo pronto, hay que apoyar los esfuerzos de los técnicos y trabajadores de EPM y de las empresas contratistas, que aún a riesgo de sus vidas, luchan por elevar la presa y poner en operación el vertedero, con lo que se superaría lo más grave de la emergencia.

Durante muchos años he trabajado para EPM, directa e indirectamente, he participado en algunas de sus batallas y las he sufrido todas. Allí conocí a muchos de los profesionales que más me han enseñado en mi vida y me da confianza saber que ellos son los que están ahora, con inteligencia y entereza, enfrentando la actual crisis, de la que con seguridad nuestra Empresa saldrá fortalecida.

LGVA
Mayo de 2018.

viernes, 4 de mayo de 2018

Intervensionitis crónica, distorsionitis aguda


Intervensionitis Crónica, Distorsionitis Aguda


Cesar E. Tamayo
Economista, Ph D.

Hace pocos días el DANE nos anunció que la pobreza (monetaria) a nivel nacional tocó un nuevo mínimo en 2017. De hecho, entre 2002 y 2017, esta medida de pobreza en nuestro país se redujo casi a la mitad; eso sí, luego del haberse disparado hacia finales de los noventa. Adicionalmente, la cobertura en salud es hoy casi de 95% cuando en 1993 era de 23%. La cobertura en educación secundaria y superior ha experimentado avances similares. A todo esto ha contribuido un manejo macroeconómico acertado, algunas reformas estructurales y una política de transferencias que se ha ido afinando y escalando. Cualquier aporte a una discusión informada sobre cómo mejorar las condiciones de vida de los colombianos tiene que empezar por reconocer estos avances y sus raíces. Hasta ahí el vaso medio lleno.

Ahora bien, entre 1990 y 2016, el ingreso por habitante en Colombia (PPP) creció 74%; bastante menos que en Uruguay (99%), Perú (127%), Chile (152%), y el promedio de Asia Pacifico (220%). Dado el consenso que existe entre los economistas sobre el tema, luce difícil afianzar los avances en reducción de pobreza señalados si no vemos en el horizonte una aceleración sostenida del crecimiento económico. Para tomar sólo un ejemplo del vecindario, las cuentas de Galliani y Caruso muestran que en Chile el crecimiento en el ingreso por habitante ha sido casi el único determinante de la impresionante reducción en la pobreza de ese país (de 38% en 1990 a 8% en 2013).

Acelerar el crecimiento requiere, sobre todo, reducir las enormes distorsiones que presenta nuestra economía. Y una parte no menor de estas distorsiones parecen estar asociadas a un intervencionismo crónico del Estado. Para empezar, entre 1990 y 2016 el consumo del gobierno como porcentaje del PIB en Colombia se duplicó (pasó de 9.4% a 18.4%). Esto nos pone en el segundo lugar entre todos los países de América Latina tanto en el crecimiento de este rubro como en su nivel para 2016.

Semejante incremento en el consumo del gobierno ha requerido ajustar sus ingresos. Tras una veintena de reformas tributarias, hemos quedado con un estatuto inmensamente regresivo en donde el ajuste ha recaído desproporcionadamente sobre las empresas. En Colombia no más del 20% de los ingresos por impuestos de renta vienen de las personas naturales; esta fracción es superior al 50% en países como Uruguay y México (70% en la OECD). Hoy personas con 3.5 veces el salario medio no pagan impuesto de renta en Colombia; es el umbral de exentos mas alto de América Latina. No sorprende entonces que en 2015 Fedesarrollo calculara una tasa efectiva de tributación de las empresas cercana al 52-59%, muy superior a la estimada para los países de la Alianza del Pacifico. Y si uno se refiere a comparaciones internacionales hechas por el Foro Económico Mundial (FEM , 2014) y el Doing Business (2016), se da cuenta de lo penosa que es nuestra situación al respecto.

Todo esto preocupa porque existe evidencia de que los altos impuestos distorsionan las decisiones de las empresas y recaen en buena parte sobre los asalariados. Alivianar la carga tributaria de las firmas, dice la evidencia, favorecería la inversión, así como el emprendimiento y la formalidad. Con la última reforma, nos dice el ministro, se prevé que la tasa de renta baje gradualmente y que se supriman algunas sobretasas. Habrá que ver los resultados de esto, pero no debemos olvidar que partimos de muy atrás. Ah, y que alguien le explique a los industriales, que no parecen muy convencidos.

Las distorsiones no paran allí. Los mismos datos del FEM ubicaban a Colombia en el lugar 126 entre 140 como uno de los países con mayor carga regulatoria, mucho peor que Uruguay, México y Chile. Estas trabas parecen desincentivar particularmente el comercio de bienes y la movilidad de factores: Doing Business estima que cumplir con los requisitos para una exportación en Colombia toma cerca de 112 horas, mucho más que en Perú (48), Chile (60) y México (20). Ni siquiera por el lado de la apertura comercial podemos sacar pecho. Cálculos recientes de investigadores del Banco de la República muestran que, aunque las medidas simples de arancel promedio han bajado, las barreras no arancelarias se han incrementado lo suficiente como para compensarlo. En el caso de las manufacturas puede ser incluso que la protección efectiva se hubiera incrementado, al menos entre 1990 y 2012.

Las barreras comerciales están bien complementadas, como no, con limitaciones a la movilidad del capital humano. Aquí, como lo diría hace poco Ricardo Hausmann, Colombia es casi un record mundial: tan solo 0.2% de sus habitantes nacieron en el exterior. Y aunque este es un problema quizás más antiguo, en las últimas dos décadas se ha hecho poco o nada por enmendarlo. Como decía el mismo Hasumann en su entrevista: “A Trump le encantaría tener una política migratoria como la de Colombia”. Los costos para el país de este desacierto son incalculables: al fin y al cabo, los países del Sur nos cansamos de citar estudios que cuantifican los muchos beneficios de la inmigración. Y la precaria situación en términos de movilidad del capital humano está debidamente rematada con sendas intervenciones en el mercado laboral, entre las que se encuentra un salario mínimo que representa más del 80% del salario típico (el tercero más alto de América Latina).

Nos encontramos, pues, ante una economía enferma. Enferma no con déficits fiscales o comerciales insostenibles, ni con inflación desbordada, como en el pasado, sino con una intervensionitis crónica que ha resultado en una distorsionitis aguda. Hace un par de años en una reunión le oí decir al gran economista Guillermo Calvo que a Latinoamérica, más que refinamientos marginales de sus políticas monetarias o fiscales, lo que le hacía falta tal vez era un shock de mercado. Un electroshock de mercado nos dijimos los colombianos que asistíamos a la reunión.



miércoles, 2 de mayo de 2018

Las Libertades Económicas


Las Libertades Económicas

Por Rodrigo Botero Montoya

En una entrevista para O Estado de São Paulo, el economista brasileño Edmar Bacha, uno de los artífices del Plan Real que puso fin a la hiperinflación, afirma que la apertura comercial es ‘la madre de todas las reformas.’  Considera que la apertura de la economía al comercio exterior ‘será el gran inductor del crecimiento y de las demás reformas que requiere el país.’  Propone que el presidente electo anuncie un ambicioso programa de integración de Brasil al mundo.  ‘El objetivo es asegurar que las exportaciones y las importaciones crezcan vigorosamente en paralelo, propiciando un aumento de la productividad.’  También recomienda activar el acuerdo comercial entre Mercosur y la Unión Europea, así como el ingreso de Brasil a la OCDE.

Si bien el contexto de la entrevista es el proceso electoral que está teniendo lugar en el Brasil, su contenido tiene relevancia para otros países de la región.  El siguiente experimento mental ayuda a conceptualizar el papel central que desempeña la libertad de comercio en el conjunto de libertades que son parte esencial de la democracia liberal.  Supongamos que un gobernante populista con vocación de caudillo procede a eliminar la libertad de comercio, como una forma de proteger la economía nacional de la competencia extranjera.  Esa medida produce desabastecimiento, inconformidad por parte del sector empresarial y fuga de capitales.  Luego, para combatir la escasez y los aumentos de precios, se suprime la libertad de precios.  Se establece un régimen de control de precios y se sanciona su incumplimiento con la expropiación de centros comerciales.  Se argumenta que estas medidas obedecen al deseo del líder de proteger al pueblo de los especuladores.

Para contrarrestar la salida de capitales se suprime la libertad de cambios, invocando la necesidad de proteger las reservas internacionales.  La imposición de un sistema de control de cambios da lugar al surgimiento de una tasa de cambio de mercado, diferente a la tasa oficial.  Esta tasa de cambio paralela se declara ilegal.  Por medio de una ley de ilícitos cambiarios se prohíben la tenencia de divisas y las transacciones entre nacionales y residentes utilizando la tasa de cambio paralela.  Se convierte en un delito publicar la cotización de la tasa de cambio paralela. 

En la medida en que se amplía la brecha entre la tasa oficial de cambio y la tasa de cambio libre, aumentan las posibilidades de enriquecimiento para quienes tengan acceso a divisas a la tasa de cambio oficial, privilegio del cual sólo gozan los dirigentes gubernamentales y sus allegados.  Para evitar que se denuncien estos procedimientos, se dejan de publicar estadísticas económicas, y se suprime la libertad de prensa.  Se consolida la hegemonía comunicacional.  Paso a paso, se van suprimiendo las libertades hasta llegar a la dictadura.

 Este relato no es un ejercicio hipotético.  Es la cronología  de una tragedia latinoamericana.  Cuando el país se prepara para escoger un nuevo gobierno, es importante tener presente lo que está de por medio en la defensa de las libertades económicas.

Nota: Se publica con la autorización del doctor Rodrigo Botero Montoya. 


jueves, 26 de abril de 2018

La muerte del Bolívar en la frontera con Venezuela


La muerte del Bolívar en la frontera con Venezuela

Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista, Universidad EAFIT
Introducción

Las monedas fiduciarias modernas son una creación de los estados que controlan su oferta nominal por medio de los bancos de emisión y de las normas que regulan la actividad de los bancos comerciales. El precio de la moneda, que es el inverso del nivel de precios y que, en consecuencia, disminuye cuando este aumenta como resultado de la inflación, está determinado por esa oferta de moneda y por la demanda que de ella hacen los agentes económicos. Cuando nadie quiere tener entre sus activos esa moneda, es decir, cuando nadie la demanda, su precio tiende a cero, como el de cualquier cosa que nadie quiere poseer, y la moneda agoniza y eventualmente muere.

Eso es lo que está ocurriendo con el Bolívar Fuerte, que reemplazó al Bolívar a secas en 2008, y que será a su turno reemplazado por el Bolívar Soberano cuando tenga lugar la nueva reconversión monetaria anunciada para junio de 2018. Muy probablemente el Bolívar Soberano correrá la misma suerte de sus antecesores si el gobierno venezolano no cambia sustancialmente su manejo macroeconómico. Pero en lo que sigue no se trata de macroeconomía ni de política monetaria sino de la forma en que agoniza el Bolívar en la frontera.   
   
El almuerzo de María

María no quiso que su cara se viera en la foto del almuerzo de cuatro mil  pesos que me estaba ofreciendo en frontera con Venezuela por el lado de Ureña. Desde hace cuatro semanas tiene ese negocio en compañía de Andreina y Horacio, dos amigos suyos de Cúcuta. Todos los días temprano pasa la frontera y se reúne con sus amigos a preparar los 15 ó 20 almuerzos que, entre las once de la mañana y las tres de la tarde, venden a algunos de los miles de venezolanos que diariamente cruzan la frontera para vender o comprar alguna cosa o simplemente para almorzar, en el restaurante ambulante de María y sus amigos o en el de alguno de sus competidores. Al principio esto era mejor- dice Andreina – vendíamos más almuerzos y más caros, a cinco  mil. Pero empezó a llegar más gente a ofrecer almuerzo y ahora vendemos menos y más baratos. 


El almuerzo de María


La conversación con María y sus socios era amistosa y fluida hasta el momento en que les dije iba a pagarles el almuerzo en bolívares. Rechazaron de plano mi pretensión y me enviaron cambiar mis bolívares por su equivalente en pesos en alguna de las casas de cambio que hay en los alrededores de la frontera. Y razón no les faltaba para no querer recibir esos bolívares.



Precio del almuerzo de María en pesos y en bolívares

Bananos o cualquier cosa.

A lo largo de la carretera que conduce de San Antonio a Cúcuta se ven decenas de personas caminado en ambas direcciones. Son venezolanos que van para Cúcuta o viene de allá, dice el conductor del mi taxi. Caminan – añade - porque aunque el pasaje es de $ 1.300, para ellos eso es mucha plata y aprovechan la caminada para venden algún producto que traen.

Hoy estaban vendiendo bananos. Ayer vendían aguacates y la semana pasada todos estaban vendiendo pan. En las economías con sistemas de precios anarquizados se presentan situaciones de abundancia súbitas, temporales y localizadas de algunos productos. Si se trata de productos de alta demanda, la gente trata de adquirir todo lo que  pueda más allá de sus propias necesidades con la expectativa de utilizar el excedente para adquirir después aquellos otros bienes que precisa. Temporalmente esos productos son moneda. Traen bananos o cualquier producto porque saben que sus devaluados bolívares difícilmente serán recibidos en las casas de cambio del otro lado de la frontera que suelen rechazar los billetes de denominaciones inferiores a 100.000 bolívares, que equivalen a poco más de mil pesos colombianos. Un millón de bolívares en billetes de mil pesa más que un gajo de bananos.


Deyanira




Les compre bananos a Nayibe y Deyanira, ambas de Portuguesa, un estado que queda muy al interior de Venezuela; donde, antes de que pasara todo lo que está pasando, trabajaban en un restaurante que cerró. La lejanía de la frontera de su lugar origen no me cuadraba con la información según la cual pasaban todos los días a Colombia a hacer algún negocio. Me contaron que ellas, como muchos otros venezolanos del interior, se han pasado a vivir en inquilinatos en Ureña y San Antonio para así poder cruzar la frontera todos los días para conseguir cosas, principalmente alimentos, que luego enviarán a sus parientes del interior. 

Cauchos, aceite y trueque

En Cúcuta y en la frontera le dicen cauchos a las llantas de carros y motonetas. A lado y lado de la carretera vieja a San Antonio hay varios locales al frente de los cuales se observan pilas de llantas viejas de carro y motoneta. Las hay de todos los tamaños y en todos los estados de deterioro, pero todas sirven, para todas y cada una de ellas hay un comprador potencial al otro lado de la frontera. 


Cauchos de segunda



En una venta a la que me acerqué había un señor venezolano, taxista de oficio, que estaba comprando cauchos cuidadosamente escogidos entre los muchos que estaban arrumados. Escogió y pagó dos, pero solo se llevó uno.

-       Guárdeme el otro, dijo, mañana vuelvo a recogerlo.
-       ¿Por qué no se lleva los dos?, pregunté de metido.
-       Porque de pronto la guardia me lo quita.  

Supe entonces que la gente prefiere llevar pequeñas cantidades y pasar varias veces la frontera o distribuirse lo comprado entre varias personas para evitar que los guardias les confisquen parte de sus productos.

Alfredo tiene una surtida venta de aceites. Gustavo, el conductor del  taxi en el que me transporto, me dice que son aceites usados que los aclaran con filtros y aditivos. Alfredo asegura que los suyos son nuevos y aun así cada vez es más difícil venderlos. Un cuarto cuesta 25 mil pesos, es decir, más de dos millones y medio de bolívares: unos dos salarios mínimos venezolanos. Ya la gente no tiene forma de comprar el aceite y han empezado a traer cosas para hacer trueque- dice Alfredo. A veces funciona. Ayer recibí un formón de carpintería y un serrucho.  

La venta de aceites de Alfredo

Los cigarrillos de Pedro

Pedro tiene 25 años y está casado con Olga, de 23,  y son padres de un bebé de 9 meses. Trabajaba en una fábrica de botellas plásticas, en Portuguesa, pero abandonó su empleo porque el salario no alcanza para nada. Habida cuenta de las circunstancias, Pedro en un tipo afortunado pues logró hacerse a un “plantecito” de cigarrillos, tabacos, bombones, ron, y otros productos no perecederos. Su clientela son colombianos que le pagan en pesos, la moneda fuerte que los venezolanos tratan de conseguir. Cruza todos los días la frontera pero deja sus mercancías del lado colombiano y pasa diariamente unos cuantos paquetes de cigarrillos y eventualmente una botella de ron para mantener sus existencias en un nivel adecuado. 


Los cigarrillos de Pedro

Farmacia Mérida

La farmacia Mérida está siempre atestada. Es propiedad de Martín, un colombo-venezolano que desde hace 8 años, aprovechando su nacionalidad colombiana, trasladó su negocio a Cúcuta. Su clientela está integrada fundamentalmente por sus paisanos del otro lado de la frontera. Hasta hace tres o cuatro años vendía toda clase de medicamentos. Hoy su surtido está conformado por los más simples y esenciales – dolex, ibuprofeno, jarabes y algún antibiótico de baja calidad. Esas son los únicos medicamentos que están al alcance de su clientela. También ha hecho uno que otro truque, pero en general resulta bastante difícil por la disparidad de los valores en juego.  


La farmacia de don Martín

Coda

En esa bolsa, que pesa más de un kilo,  hay poco más de un millón trescientos mil bolívares, más o menos un salario mínimo de Venezuela. Los compré por doce mil pesos.


 Un kilo de bolívares= salario mínimo venezolano

Se dice que Lenin dijo y que Keynes lo confirmó que la mejor manera de destruir una sociedad capitalista es destruir su moneda. Pero la destrucción de una moneda es también la destrucción de la dignidad de un pueblo porque se desvaloriza la posesión más preciada que puede tener el hombre: su propio trabajo.

LGVA
Abril de 2018

viernes, 20 de abril de 2018

El mito de la educación superior universal y gratuita


El mito de la educación superior universal y gratuita

Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista, Docente Universidad EAFIT

Los candidatos presidenciales están enfrascados en una fuerte disputa por el voto de los universitarios y los bachilleres próximos a graduarse. Se pasean por las universidades lanzando sobre los jóvenes cajonados de frases y promesas de todo tipo. Humberto de la Calle sostiene que nuestra sociedad será más equitativa cuando todo colombiano tenga un título universitario y promete que al cabo de sus cuatro años de gobierno el 100% de los jóvenes logrará entrar a la universidad, ello sin pagar un solo peso. Gustavo Petro anuncia la eliminación del ICETEX pues ya no será necesario el crédito educativo dado que su gobierno garantizará el derecho a la educación superior universal, pública y gratuita. Menos ambiciosos, Fajardo y Vargas Lleras prometen llegar, al cabo de sus mandatos, a coberturas en educación superior de 65% y 63%, respectivamente. Iván Duque habla de condonar créditos, de crear un vehículo financiero para fortalecer la universidad pública, de mejorar el SENA y de elevar la calidad y la pertinencia en concordancia con la “economía naranja”.

Escuchando a los candidatos termina uno por creer que los países ricos, prósperos y equitativos  que tanto envidiamos lo son por la sencilla razón de que en todos ellos todo mundo o casi todo mundo tiene un título universitario y que, en consecuencia, la educación superior para “todos y todas” es el camino, ¡cómo no nos habíamos dado cuenta antes! Pero una simple mirada a las estadísticas de la UNESCO, al parecer poco frecuentadas por los asesores de los candidatos, acaba con esa ilusión.

Entre las muchas cifras que recopila el UIS (el instituto de estadísticas de la UNESCO) hay una de especial interés para el tema que nos ocupa. Se trata de la tabla que recoge el nivel de educación alcanzado por la población mayor de 25 años de cada uno de los países miembros de la Organización. Se encuentra uno con la sorpresa de que no “todos y todas los ciudadanos y ciudadanas” de esos países ricos, incluidos los idílicos países escandinavos,  tienen educación superior y que “muchos y muchas” apenas terminaron la primaria o la secundaria. Acorde con el propósito de esta nota, en la gráfica se muestra para un grupo de países seleccionados el porcentaje de la población mayor de 25 años que alcanzó educación superior, la cual, de acuerdo con la clasificación de UNESCO incluye tecnológica, profesional, maestría y doctorado. El lector curioso puede encontrar más información en el vínculo puesto debajo de la gráfica 1.  


Gráfica 1



Hay varias cosas notables:

·         En Israel y Estados Unidos que tienen la mayor cobertura, la educación superior no es precisamente gratuita para los estudiantes;  sus familias y los propios educandos asumen parte importante de los costos.

·         Los niveles de cobertura alcanzados por la mayoría de los países desarrollados están alrededor de 34%, cifra que en algunos casos se alcanzó hace ya muchos años sin que se observe un crecimiento significativo en épocas más recientes.

·         Llaman la atención los casos de Austria y Alemania con coberturas por debajo de 30%  sin que esos países, hasta donde se sabe, se estén involucionando hacia el subdesarrollo o tornándose  más inequitativos.

·         Finalmente, con su 20%, Colombia no luce mal en el contexto latinoamericano. Está por encima de México y Brasil y a un nivel comparable al de Chile y Perú.

La idea de que una educación superior universal y gratuita es la condición de un “desarrollo con equidad” no parece tener apoyo en los datos. Más bien puede ser lo contrario: el desarrollo económico permite una mayor cobertura de la educación superior.

Tal vez es más preocupante lo referente a los otros niveles de educación alcanzada por la población, especialmente, lo que tiene que ver con la educación primaria. En cifras de 2015, el nivel educativo de casi el 50% de los colombianos mayores de 25 años es igual o inferior a la primaria. Un 7% no tiene educación formal alguna y el 17% únicamente primaria incompleta. Eso suma 6,3 millones de personas y los que solo tiene primaria son 7,3 millones.  La gráfica 2 muestra el vergonzoso lugar que ocupamos en el ámbito internacional.
Gráfica 2



La situación de esos 14 millones de colombianos sin ninguna educación, con primaria incompleta o solamente primaria no es irremediable, pero ninguno de los candidatos está hablando de este asunto ni ha propuesto cosa alguna. Tampoco están hablando de las tasas de cobertura que deben alcanzarse para evitar que unas cifras tan vergonzosas se perpetúen en el futuro. Pero tienen razón en ignorar este problema. A fin de cuentas los niños de primaria y secundaria no votan y los adultos mayores de 25 años carentes de educación son una mayoría atomizada y sin vínculos corporativos o gremiales que puedan invocarse en una campaña electoral. 

LGVA
Abril de 2018

sábado, 14 de abril de 2018

La historia mínima de Colombia de Jorge Orlando Melo


La historia mínima de Colombia de Jorge Orlando Melo

Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista

“La mirada de conjunto a Colombia desde la Independencia permite ver un desarrollo económico rápido y mejoras notables de las condiciones de vida de la población, en especial después de 1850. Esto fue obra sobre todo de los ciudadanos: el estado no tuvo mucho peso hasta 1920 y desde entonces su aporte principal ha sido ofrecer un ambiente estable para la inversión y la producción: una política económica tranquila y sin sueños grandiosos ni esfuerzos populistas” (Jorge Orlando Melo, Historia mínima de Colombia, página 321)

Jorge Orlando Melo Gonzalez nos ha regalado un bello y oportuno libro, escrito con esa sabiduría, serenidad y cariño que solo pueden dar años de estudio y reflexión.  Son poco más de trescientas páginas, en formato pequeño y letra de buen tamaño, que se leen de un tirón. Además de su brevedad, se caracteriza también el libro por una bibliografía igualmente mínima y la ausencia total de citas y notas de pie de página, lujo que se puede dar alguien quien como él se ha ganado merecida reputación y que no pretende  decir nada novedoso pero si aportar una reflexión sobre lo que él mismo y otros historiadores de su generación han dicho y repetido sobre la historia de nuestro País.

Melo pertenece, en efecto, a la generación de historiadores - muchos de ellos alumnos directos de Jaime Jaramillo Uribe, probablemente el primer historiador profesional de Colombia -  que por allá en los años 70 del siglo pasado irrumpieron con lo que entonces se llamó la “Nueva historia de Colombia”. La novedad de esa “nueva historia” radicó tanto en la incorporación de nuevos temas – economía, principalmente, pero también arquitectura, literatura, arte, salud, costumbres, educación y todos los ámbitos en los que se expresa la vida social - y en el tratamiento más riguroso de los mismos haciendo un uso más amplio y sistemático de los archivos y demás fuentes primarias de investigación. Hasta entonces la historia se identificaba con la narración cronológica de hechos políticos y militares y la descripción de los gobiernos que se han sucedido, en la forma en que lo hicieran Don Jesús María Henao y Don Gerardo Arrubla.  Jaramillo Uribe tiene el mérito de haber traído a Colombia esa orientación de la investigación histórica, iniciada en Francia por Lucien Febvre y Marc Bloch con su célebre revista “Anales de historia económica y social”.

La generación de Melo – de la que hacen parte Margarita Gonzalez Álvaro Tirado, Hermes Tovar, Germán Colmenares y otros más-  tuvo y tiene aún una gran influencia en la vida del País.  Bajo esa influencia fue expulsada de los programas escolares, donde había reinado de forma casi indiscutida en versiones abreviadas durante más de 50 años,  la entrañable obra de Henao y Arrubla para ser sustituida por versiones simplificadas y caricaturescas de los trabajos de Melo y sus compañeros de generación, versiones que contribuyeron la formar la visión que de la historia del País tienen la mayoría de los colombianos. La otra contribución vino de muchos  periodistas e intelectuales que, ignorantes de sutilezas y matices, la propagaron en sus escritos.

Melo reconoce ese hecho cuando escribe: “La complicada historia de Colombia en el siglo XX dejó la impresión de que, bajo el control de una oligarquía estrecha y con un sistema político restrictivo, la sociedad y la cultura tuvieron un largo estancamiento”[1]. Esa es ciertamente la visión que de la historia del País tiene buena parte de los colombianos, pero ello no es el resultado de la “complicada historia” sino más bien de la visión simplificada que de ella han transmitido los epígonos de los “nuevos historiadores”, aunque a todos ellos y al propio Melo les cabe algo de  responsabilidad.

El hecho es que buena parte de los colombianos tiene “la impresión” de la que habla Melo, que es una visión negativa y pesimista de la historia del País. Esto no sería demasiado grave si no fuera porque, como lo señalara Hayek, “ha existido siempre una relación mutua entre las convicciones políticas y las opiniones sobre los acontecimientos históricos”[2].  Y esto es grave cuando esas opiniones no resultan de un cabal entendimiento de los hechos del pasado sino que son más bien mitos como el de la “oligarquía estrecha y el sistema político restrictivo”, que de tanto repetirse parecen ciertos y a partir de los cuales se desarrollan las convicciones políticas redentoristas y populistas.

Por eso es que el libro de Melo es muy oportuno en la coyuntura actual porque al mito histórico de una sociedad estancada por obra y gracia de la oligarquía estrecha, que da sustento al discurso populista,  opone una realidad compleja que sintetiza de esta forma:

“…durante el siglo pasado hubo inmensos cambios, con logros y frustraciones, períodos de progreso y retroceso. Algunos fueron el resultado de políticas públicas  más o menos ordenadas, como la expansión de la educación, pero la mayoría fueron el producto de la actividad de a veces caótica de la sociedad, o de trabajadores, empresarios e intelectuales que ayudaron adoptar en forma eficaz la ciencia y la tecnología avanzadas y promovieron, consciente o como consecuencia involuntaria de sus empeños personales, el siempre deseado progreso” [3]

Son muchas las cosas interesantes que se podrían citar del libro de Melo cuya lectura recomiendo con entusiasmo por su aporte a un mejor entendimiento de nuestra historia y, además,  porque, en la coyuntura actual, puede contribuir a desvirtuar el populismo rampante que invade la política colombiana.

LGVA
Abril de 2018.



[1] Melo, J.O (2017). Historia mínima de Colombia. Turner Publicaciones y Colegio de México. Madrid. Página 283.

[2] Hayek, F.V. Obras completas Volumen III. La tendencia del pensamiento económico.  Unión Editorial Madrid 1991. Capítulo IV. “Historia y Política”. Página 53.

[3] Melo, J.O. Op. Cit. Página 283.